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Día Nacional del Tití Cabeciblanco

Agosto 16 – Cada año, en esa fecha, esta especie será recordada como una insignia, casi que como un símbolo nacional. No son decisiones comunes; no es de todos los días que un animal, y no un terrícola honorable, pase a convertirse casi en un emblema patrio.

Una determinación inusual pero sustentada en un hecho que sí es frecuente: aunque casi no se notan, los titíes pielroja o leoncitos –como también se les conoce–, tan pequeños como una ardilla, (miden 30 centímetros promedio) y tan livianos (no pesan más de un kilo), están en peligro crítico de extinción.

Dice la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que este es uno de los 25 primates más amenazados del mundo, con no más de 6.000 o máximo 7.000 individuos en vida silvestre.

Tienen una particularidad especial y es que son endémicos de Colombia, es decir, son primates que no se ven en ningún otro lugar del mundo. Solo existen en selvas de seis departamentos del Caribe (ver mapa); por eso, en la región explican que son tan costeños como la arepa de huevo, el suero o el sombrero vueltiao y, aunque restringidos en territorio, se destacan por tener un carisma imponente y transfronterizo. Con ese peinado estiloafro, que se destaca por lo ordenado, tan blanco como el algodón, y que contrasta con su rostro oscuro, es tal vez el único animal colombiano que se ha convertido en un peluche que se vende en parques de Disney.

Siempre ha llamado la atención y esa ha sido su mayor desdicha. Según el Libro Rojo de Mamíferos de Colombia, en la década de los 70, más de 40.000 ejemplares fueron cazados, muchos de ellos para traficarlos y copar la demanda de coleccionistas extranjeros y de zoológicos (hoy podría haber cerca de 300 en parques de Estados Unidos). Pero esa ‘exportación’ tuvo como principal motor su uso en investigaciones biomédicas también en ese país, esto con el fin, supuestamente, de contrarrestar el cáncer de colon, una dolencia que algunos titíes han desarrollado espontáneamente.

Y aunque también es maltratado y usado localmente como mascota, al menos esa venta, legal o ilegal e internacional, se redujo, de alguna forma, cuando el país se acogió a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora (Cites), que restringió su comercio global. Pero, sin duda, la mayor conspiración contra el tití ha sido la tala masiva de su hábitat: el bosque seco.

Este ecosistema se ha destruido sin compasión. Un reciente estudio del Instituto Humboldt, que se convirtió en un libro que será presentado el próximo lunes 15 de septiembre, dice que de las 9 millones de hectáreas de bosque seco que tenía el país originalmente, hoy solo queda el 8 por ciento.

En resumen, de la casa del tití están en pie aproximadamente 720.000 hectáreas.

Una pérdida que se ha producido estrictamente por la deforestación –muchos árboles del bosque son usados para la construcción, para el comercio de madera y como leña–, pero además para ampliar la frontera agrícola e introducir ganado.

Solo un proyecto como la construcción de la represa Urrá I inundó más de 7.000 hectáreas de bosque primario y secundario, situadas en el parque nacional Nudo de Paramillo, uno de los últimos santuarios para los titíes.

En los atentados frecuentes de quienes queman el bosque o lo talan no ha valido ni siquiera el hecho de que el tití, una especie bautizada científicamente como Saguinus oedipus, cumple una labor esencial: ser un dispersor de semillas fundamental para mantener el bosque vivo.

No solo lo logra cuando pasa de un lugar a otro y rompe ramas o agita las flores, también lo consigue cuando al comer frutas en un lugar, lleva a través de sus excrementos muchas semillas a otros sitios donde pueden reproducirse y transformarse en nuevas plantas.

Y un bosque sano se traduce en agua suficiente en quebradas y ríos.

Es un valor biológico que fue comprendido en 1985 por Anne Savage, una bióloga norteamericana que creó el único programa que existe hoy para conservar a este primate y que lidera la fundación ‘Proyecto Tití’. Esta organización ha logrado consolidar la creación de una hacienda situada en Santa Catalina de Alejandría (Bolívar), llamada Ceibal, y otra en Luruaco (Atlántico), bautizada como Los Rosales, donde revolotean protegidos al menos unos 500 individuos del tití, cerca del 10 por ciento de los que sobreviven en todo el país.

Son 1.725 hectáreas de bosque, que además han sido declaradas como zonas protegidas por las corporaciones autónomas del Canal del Dique (Cardique) y del Atlántico (Crautónoma).

JAVIER SILVA HERRERA

Fuente: https://www.eltiempo.com/amp/archivo/documento/CMS-14458735

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